Revise los contenidos de Agenda Quince
Cuando se les vio por segunda vez, en el debate presidencial, nunca nadie auguró que tanto Sebastián Piñera como Eduardo Frei se iban a presentar ante los asistentes y televidentes con sendas corbatas rojas y ternos del mismo color e, incluso, a Frei se le vio revelando ese tic nervioso en el hombro tan característico de Piñera. En ese, digamos…, encuentro entre candidatos a la presidencia, faltaron ideas, faltó la clásica pose del estadista que convence a su pueblo sólo con gestos y atractivas frases, dignas para el bronce. A qué voy con esto, a que estos dos candidatos son fieles representantes de la despolitización actual. Es decir, se perdió la definición y la sustancia de los partidos políticos. Ya no se sabe si hay derecha o izquierda. Los partidos políticos de ahora ya parecen instituciones como universidades o bancos… Pero volvamos a la carrera presidencial. Más de alguien apareció diciendo que Piñera era la encarnación de Pinochet y que si él llegara a ser presidente volverían los casos de tortura y desaparición de la dictadura militar; y otros pregonaban que Frei era más de lo mismo. Además de esto, tuvimos la polémica sobre quién de los candidatos es más progresista, pero qué es ser progresista se pregunta la gente. 
Y un perdedor en primera vuelta, el díscolo Marco Enríquez-Ominami, quien se hizo presente hablando de retroceso en la política y de no dejar gobernar a la derecha y por eso, en segunda vuelta, lo dijo fuerte y claro, votará nulo, pero hace poco declaró que votaría por el candidato que obtuvo el 29%, o sea, por Frei. El único candidato de la izquierda. Esto es incomprensible. Señor lector, usted cree que esta actitud fue por convicción política y nada más. Palos pa’llá, palos pa’cá, ellos no se dieron tregua hasta el final. La intención de estos candidatos era dejar fuera de combate al adversario, ¿O no? Pero uno se pregunta para qué tanto conflicto, para que uno de ellos, el más fuerte, no el más convincente, sea el presidente de todos los chilenos.
Por qué esa discusión tan pequeña, tan mínima, de que los aspirantes al sillón presidencial van a entregar un bono en marzo de 2010, si la gente, creo, espera un apoyo constante convertido en trabajos dignos, un sueldo aceptable y un mejor trato laboral. Que la lucha de los trabajadores tiene sentido en la izquierda con Frei presidente, que Piñera va a entregar un millón de empleos con salarios dignos.
Uno se pregunta por qué los presidentes de partido como Pepe Auth del PPD y José Antonio Gómez del Partido Radical hicieron el gesto de renunciar, porque lo pidió Enríquez-Ominami y no Frei. Fueron dos partidos nada más. Y Frei no dice nada de los demás presidentes de la concertación. Y el PRI, ¿A quién apoya? ¿A Piñera o a Frei? Falta que el colorín o el díscolo se pronuncien. A propósito de díscolo, Enríquez-Ominami que más le va a ordenar a la presidenta Bachelet, ¿otro proyecto de ley con suma urgencia?…, de qué.
No entiendo mucho de economía, pero si sé que las entidades bancarias se deben respaldar en algo, y ese algo es el Dicom, pero cómo Piñera va a eliminarlo en los bancos para prestarles plata a las empresas que están endeudadas. Y sobre el millón de empleos que va a crear habría que preguntarle a un economista no más. Hay tantas preguntas que hacerle que tendríamos que buscar a una eminencia en economía.
Con muchas salidas a terreno y viajes por doquier, las estrategias de campaña han sido efectivas según ambos candidatos. Pero la de Frei se comparará con la campaña del no y la vuelta a la democracia en 1988, porque al igual que en ese año durante la campaña freísta se desarrolló un puerta a puerta a lo largo del país. Y con esta formula ganó la democracia con más del 55% de los votos. Señor lector ¿con esto ganaría Frei? Pero falta algo muy gravitante como la espiral del silencio que atrajo a la mayoría de los votantes a sufragar por el no. Y, por otro lado, está la campaña de Sebastián Piñera, que se basa en un concepto exitoso como es el cambio, el cual fue acuñado por Joaquín Lavín en 1999, quien se volcó al centro y al voto popular, buscando distanciarse del régimen militar (con grandes dificultades por estar Pinochet detenido en Londres) y con un lenguaje convocador y positivo que dio vuelta todos los paradigmas de la política chilena, poniendo en grave peligro al Lagos de la primera vuelta. Ya, en segunda vuelta, sólo un replanteamiento en su campaña, después de “escuchar a la gente” (o sea, a las inmensas mayorías moderadas), le permitió remontar y vencer el año 2000 por un apremiado 51%, frente al casi 49% de Lavín de la UDI.
Para Piñera, Joaquín Lavín se ha transformado en un factor muy relevante para su campaña, ya que fue el creador del concepto del cambio, el cambio popular, porque le daría un aire de conservadurismo al posible gobierno de Piñera. O sea, cuando Lavín de la UDI perdía en las elecciones de senador en la quinta región costa contra Francisco Chahuán de Renovación Nacional -el mismo partido de Piñera-, este pasó a ser el factor Piñera. Y ahora para la segunda vuelta, Lavín con su temple conservador, pasó a ser el factor Lavín.
Aunque a algunos no les interese las encuestas, puesto que algunas personas piensan que no hay exactitud en los pronósticos, hay otros que le dan mucha importancia a las encuestas y operan sobre la base de ellas. Según los datos entregados el 13 de Enero del 2010 por el centro de estudios Mori, el candidato de la Coalición por el Cambio, Sebastián Piñera, se impone con un 50,9% de las preferencias ante un 49,1% de Eduardo Frei, de cara al balotaje.
Hay que dar cuenta de que los tiempos han cambiado, los electores y los candidatos no son los mismos. Al ser elegido Piñera presidente, se cumplirán 58 años desde que un presidente de derecha fue electo, éste debe comprometerse a hacer un buen gobierno y, si Frei hubiese vencido, éste sería el quinto presidente de la Concertación, debiendo gobernar mejor que los cuatro anteriores. Y ese tiempo de deliberaciones llegó, o sea, la segunda vuelta de las elecciones presidenciales, el 17 de enero de 2010 llegó y ganó Sebastián Piñera con un 51,61%, y el otro candidato Eduardo Frei no dudó en felicitarlo y dio cuenta en su discurso de que la Concertación debe estar unida y concluye diciendo: “Seremos guardianes de las libertades y de las conquistas sociales”.
Con este nuevo gobierno surgen muchos desafíos como vencer, de una vez por todas, la pobreza en Chile, apoyar a los trabajadores, dar trabajo, dar sueldos más dignos a la gente, fomentar la creación de pequeñas y medianas empresas, seguir adelante y no defraudar a la gente que votó por él. Sin duda, queda mucho por hacer, y esto también pasa por establecer una oposición más unida y constructiva; eso pasa, porque actualmente existe una Concertación en crisis y debe replantearse como lo sostiene el ex candidato Enríquez-Ominami.
¿Podemos decir que Enríquez-Ominami es un nuevo referente en política? ¿va a crear un nuevo partido o un movimiento social? ¿será parte de una oposición? ¿su oposición será más poderosa que la Concertación? Podemos decir que ¿habrá una nueva Concertación? ¿estará replanteada? No soy adivino ni un mago o encantador, pero creo que, cuidando la política chilena, todo irá por buen camino.
Por Miguel Ángel Cárcamo Azócar